Texto informativo para canal de televisión
- 10 oct 2017
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Luis Alfredo Garavito: la bestia
La historia de Colombia lo recuerda como uno de los asesinos más crueles que ha recorrido su geografía. Con más de 140 asesinatos y violaciones de niños y adolescentes en su haber su particular carrera como asesino en serie se desarrolló entre 1992 y 1999, y le llevó a recorrer el país en varias ocasiones, cometiendo sus crímenes a lo largo y ancho del territorio colombiano.
Una infancia difícil
Nacido el 25 de enero de 1957, Garavito era el mayor de siete hermanos, hijo de un padre violento, alcohólico y mujeriego y una mujer que poco o nada hacía por evitarle a su hijo el maltrato que recibía por parte de su propio padre.
Siendo un niño tímido e introvertido ya desde su época escolar, sumado al pésimo entorno familiar en el que crecía hicieron de él una persona con un acusado complejo de inferioridad sometido a las exigencias más extravagantes por parte de su padre como por ejemplo, serle prohibido tener novia.
La génesis del psicópata
El primer contacto sexual de Garavito provendría de su propio padre, quien mientras aún era un niño se metía en su cama para acariciarle el cuerpo. Sin embargo sería un amigo de su padre el primero en abusar de él, llegando a torturarle y vejarle de tales formas que le dejarían marcado de por vida. Tiempo después otro amigo de su padre también llegaría a violarlo, aterrorizando de tal manera a Garavito que jamás hablaría de ello seguro de que nadie le creería. Sería a raíz de esta serie de abusos cuando su depredador sexual interior despertaría.
El despertar de la bestia
Después de un aislado episodio en el cual, fruto de los abusos que él mismo había recibido, había llegado a molestar y manosear a un niño en la estación de tren, su padre decidió echarlo de casa, por lo que hubo de buscarse la vida trabajando en los campos y yendo de pueblo en pueblo. Es en esta época cuando la rotura del vínculo con su familia y su creciente abuso del alcohol empieza a hacer que en su interior se fragüe lo que él llamaba “impulsos” y que le condujeron a la violación de varios niños, algo que alternaría con varias idas y venidas a instituciones mentales.
Pero sus impulsos, lejos de verse aplacados por las violaciones cometidas, llevan a Garavito a ir más allá al descubrir que la simple violación de los menores no le satisface tanto como aquellas que llevan asociadas cualquier tipo de tortura. Hojas de afeitar, mecheros, velas... La violencia de sus actuaciones se incrementaría de forma progresiva al encontrar cada vez mayor placer en el daño causado a los niños que tenían la desgracia de encontrarse en su camino. Sin embargo ni siquiera su fervor religioso conseguiría aplacar los remordimientos que surgían cada vez que cometía una de sus atrocidades.
De depredador sexual a asesino en serie
Tendría que llegar el año 1992 para que, después de más de diez años de violaciones a menores, Garavito cometiera el primero de sus asesinatos. Con el abuso del alcohol siempre vinculado a sus acciones, un pequeño llamado Juan Carlos se convertiría en su primera víctima mortal, estableciendo con él el modus operandi que repetiría con cada una de sus víctimas posteriores.
A partir de este primer asesinato se llevaría a todas sus víctimas a lugares apartados y allí, haciendo uso de cuerda y un cuchillo afilado violaría primero y asesinaría después a un gran número de menores. En una espiral de crueldad ascendente llegó incluso a abrir el abdomen de los pequeños mientras aún se encontraban con vida y a realizar diversas amputaciones.
La caza de la bestia
En 1999 la frenética carrera de asesinatos perpetrados por Garavito llegaría a su final cuando el niño John Iván Sabogal cuando estaba a punto de ser violado gritó desesperado pidiendo un auxilio que tuvo la suerte de encontrar en la figura de un chatarrero que se hallaba próximo al lugar donde el psicópata lo había conducido. Después de enfrentarse a él tanto el chatarrero como el pequeño huirían, consiguiendo avisar a la policía para poner en su conocimiento el suceso. De nada serviría a Garavito usar como alias el nombre de Bonifacio Morera Lizcano, pues la policía daría con él tras ser identificado por su más reciente víctima.
El fin del terror
Hasta su captura en 1999 se calcula que Garavito pudo haber violado y asesinado a más de 100 niños, por lo cual fue condenado en Colombia a la máxima pena existente en el país, 40 años, pena que para muchos de sus compatriotas resultó insuficiente.
A día de hoy permanece cumpliendo condena tras diversos intentos de suicidio, gozando de los beneficios obtenidos por su buen comportamiento y habiendo sido trasladado de cárcel varias veces con el fin de evitar que sea asesinado por otros reclusos.
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